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domingo, 28 de septiembre de 2014

SPARTAN RACE BARCELONA

Fotos: Núria Lila


Hoy en día el mundo de las carreras está dando un giro innovador. Está claro que el corredor, además de competir para ponerse a prueba, busca también disfrutar y pasárselo bien. Y esta competición, que se celebra en distintas sedes de todo el mundo, cumple exactamente con esos requisitos: superación y diversión.


Así pues, celebrándose esta edición en la manresana población de Súria, relativamente cerca de Barcelona, en la revista donde escribo, running.es, no hemos querido perder la oportunidad para tomar parte en ella. Está claro que para poder explicar algo no hay nada mejor que vivirlo desde dentro. Y allí estaba yo, en la línea de salida este domingo bajo una intensa lluvia, en la categoría Sprint (5km y 15 obstáculos). El sábado previamente se había celebrado la carrera de 20km con 35 obstáculos, que era campeonato de Europa, y la de 13km con 25 obstáculos.



El diluvio que estaba cayendo vino que ni pintado al ambiente "espartano" que se vivía allí. Cientos de personas dando gritos de guerrero, unos sin camiseta, otros con sus rostros pintados y todos dispuestos a darlo todo por superar el reto que se nos presentaba. Hubo diversas salidas durante toda la jornada, cada 15 minutos una, para luego hacer una clasificación general con los tiempos que marcaba el chip de cada uno. Yo ya salía en una de las últimas series, justo cuando la lluvia era más intensa y el circuito de Les Comes estaba completamente enfangado.

 En cuanto se dio el pistoletazo salí con tanto ímpetu que a las primeras de cambio me fui al suelo. ¡Mal empezamos! Gateé por el barro intentando recuperar la verticalidad mientras me sentía como si una manada de búfalos me estuviera pasando por encima. Por fin me puse en pié e inicié la carrera. Ahora sí iba lanzado y nada me iba a detener.... La caída me había dado un extra de adrenalina y no tardé en ponerme en primera posición, no sólo eso sino que tomé unos metros de ventaja respecto a mis perseguidores. El recorrido era pedregoso, atravesaba ríos, charcos y todos los obstáculos naturales que se pueda imaginar.De repente la primera prueba, tuve que cargar un saco de piedras a la espalda y recorrer una trialera muy resbaladiza, subir por un lado y bajar por el  otro, dejar el saco y seguir corriendo. Me crucé con el segundo que ya venía lejos. Lo siguiente saltar barreras de madera, unas por encima otras por debajo. Me sentía ágil y fuerte, por detrás ya estaban muy lejos. Pero como no me fiaba de las pruebas que vendrían más adelante yo seguí apretando el ritmo para meter más tierra de por medio, bueno, en este caso, más barro de por medio. 



Al rato me tocó arrastrarme bajo alambres de espino y era tal la tormenta que estaba cayendo que el surco era un río y practicamente tenía que ir con media cabeza bajo el agua. Era épico, me estaba divirtiendo y me sentía eufórico. Pero tanto tanto corrí, que de repente empecé a adelantar a gente ¿y estos de dónde han salido? pensé. Buah! Son los de la serie anterior que aún están en carrera. Eso lo complicó todo un poco más, si cabe. Al llegar a los obstáculos tenía que frenarme y en ocasiones esperar a que acabaran a los que iba doblando. Intentaba recuperar tiempo cada vez que me ponía a correr, iba saltando por las piedras como las cabras, descontrolado. Me veía con posibilidades de hacer un buen puesto en la general de todas las series y eso me motivaba a ir cada vez más rápido. Salté troncos, atravesé pozas, charcas, subí cuerdas... hasta tuve que bucear por debajo de un tronco que había en medio de una charca....  ¿Por debajo? Pregunté al juez... Sí, sí... Y ale me zambullí en ese agua marrón que no sabría ni como describir, pero algo que no hubiera hecho ni harto de vino sino es porque iba completamente revolucionado. Al salir estuve tres minutos sin ver ni torta porque tenía los ojos literalmente llenos de barro. 

Luego llegué a una rampa completamente enfangada de unos 30 metros que era prácticamente una pared.... Allí había mucha gente que no sabía por donde bajar y yo ni corto ni perezoso me lancé resbalando de culo cuesta abajo deslizándome a una velocidad vertiginosa mientras todos me gritaban y aplaudían llamándome ¡espartano¡ ¡espartano!Lo que hice fue una locura pero quedé como el puto amo, aunque por dentro pensé "madre mía si me llego a romper la crisma hago el ridículo más espantoso de mi vida".



Y así llegué ya a los últimos obstáculos, que con la inercia fuí superando como podía, manteniendo de largo el primer puesto de mi serie, aunque perdiendo mucho tiempo con los doblados. Si es que no lo puedo evitar, soy un motivado, no puedo divertirme sino tengo el aliciente de "competir". Pero en definitiva, aún sin saber qué puesto final he ocupado en la general, lo cierto es que he disfrutado como un niño y a parte de algún rasguño y algún tascarazo que me he llevado creo que he superado con creces la batalla de las Termopolitas.


       

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