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miércoles, 27 de junio de 2018

WEST HIGHLAND WAY (SCOTLAND)



West Highland Way


La historia de Escocia se remonta a muchos siglos atrás, una historia trepidante repleta de clanes, revueltas sangrientas, encarnizadas batallas, castillos, fortalezas y fastuosas casas señoriales. Todo ello acontecido en paisajes fascinantes, como la belleza salvaje de las Tierras Altas. Allí se encuentra el West Highland Way, un recorrido que discurre entre montañas y vastas extensiones de praderas a lado y lado del camino, bosques y lagos que parecen mares. Los Corregrinos, ávidos de aventura, nos sentimos atraídos por esta ruta de 97 millas (156km) desde Milngavie, a las afueras de Glasgow, hasta Fort William, donde al llegar encontraremos el Ben Nevis, la montaña más alta del Reino Unido con 1334 metros de altura sobre el nivel del mar.




recorrido del West Highland Way


Esta vez no pudimos contar con la presencia del utrerano, Eduardo de la Serna, el Corregrino  Eduardum, el tercer Nepalgrino, así que tuvimos que afrontar el reto los de siempre, Danielem y un servidor. Sabíamos que las mayores dificultades las íbamos a encontrar en las condiciones climáticas; la lluvia, el frío, el viento y el barro iban a ser un hándicap importante. Pero eso, en definitiva, le daba un toque épico a esta experiencia, así que volvimos a ajustarnos las mochilas y partimos hacia el país de William Wallace. Dos meses antes, siguiendo los consejos que habíamos leído en diversas guías y blogs, y debido a la escasez de alojamientos en algunos puntos de la ruta, realizamos todas las reservas para tener sitio donde dormir en cada una de las etapas, cosa que no resultó difícil de cuadrar.

Planificación

El viaje en avión desde Girona transcurrió plácido, aprovechamos para dormir en Glasgow y hacer un poco de turismo al día siguiente. Nos pusimos a caminar hacia el pueblo donde teníamos el siguiente alojamiento y para ello cruzamos toda la ciudad, visitando varios museos y parando a tomarnos un capuchino en una terraza. Una vez en las afueras, entramos en un restaurante indio a comer donde estaba todo delicioso, era buffet libre así que nos pusimos las botas. Caminamos otro rato más y cuando nos restaban unos 5km para Bearsden, nos vestimos de Corregrinos y empezamos a correr. De esta manera tuvimos una primera toma de contacto con el peso de la mochila, unos 5 kilos contando el agua, y pudimos hacer los ajustes necesarios.


De museos por Glasgow


El día era fantástico, hacía sol y la temperatura era ideal. Llegamos a una urbanización de lujo y no hacíamos más que ver coches de gama alta y mansiones a lado y lado de la calle. Pensábamos que quizá nos habíamos equivocado, pero no, nuestra reserva para esta noche estaba en esa dirección. Efectivamente se trataba de una mansión, los propietarios, una familia de origen pakistaní adinerada, con los hijos ya mayores estudiando en Londres, había decidido alquilar algunas habitaciones. Allí estuvimos como reyes, hasta nos dejaron un salón para poder ver el partido del Barça. Mientras ellos disfrutaban en otra habitación del derby de la ciudad, Celtics vs Rangers.


Nuestro primer alojamiento

30 abril 2018
Etapa1: Bearsden-Milngavie-Drymen 
24km  (+224 - 128) en 3h31
altura máxima: 138m

Tuvimos que alargar la etapa para llegar al punto de partida casi 4km. Una vez allí, procedimos a realizar las fotos de rigor y nos dispusimos a correr los 20km que separaban Milngavie de Drymen. El recorrido transcurrió plácido, sin apenas desniveles y con un terreno seco y bastante compacto, teniendo en cuenta los estragos que suele hacer la lluvia por estos lares, hoy no parecía que estuviéramos en Escocia. El sol nos acompañó toda la etapa. Y a pesar de que en los últimos km ya teníamos ganas de llegar, no se hizo demasiado duro.

En la salida oficial del WHW, Minlgavie


El alojamiento fantástico en Angel Cotage, en una casa nueva con 3 habitaciones dobles habilitadas para alquilar. Después de reposar las piernas tumbados un buen rato, fuimos a pasear por Drymen, poco había que hacer, así que acabamos en el bar del pueblo tomando algo hasta la hora de cenar.

Angel Cotage en Drymen

Paseando por Drymen
1 de mayo 2018
Etapa 2: Drymen-Rowardenann 
24Km (+416 - 424) en 3h20
altura máxima 334m

Hoy aún amaneció con sol y aunque hacía un poco de frío, parecía un día agradable para correr. Cuando ascendimos la cosa fue cambiando. Al llegar al punto más alto de la etapa, Conic Hill, el viento era tremendo. Afortunadamente empezamos a bajar y a atravesar preciosos bosques al lado del Loch Lomond, un lago tan grande que parecía el mar. La lluvia hizo acto de presencia a la 1 del mediodía, tal y como anunciaban las previsiones del tiempo ayer, primero con un ligero chiribiri y ya más tarde, cuando llegamos a Rowardenann, con bastante intensidad. A pesar de que el recorrido era bonito y agradable para correr, no íbamos del todo finos, los dolores musculares y la fatiga se apoderaron de nosotros y los últimos km se nos hicieron un poco largos. Hay que tener en cuenta que el peso de la mochila hace estragos.


Las vistas desde Conic Hill


El Hostel, perdido en medio de la nada, obviamente, no era nada del otro mundo. Compartimos una habitación con literas para 6 personas y pasamos la tarde incomunicados, sin Wi-fi ni cobertura en el móvil, descansando y viendo la lluvia caer incesante por la ventana. Esto sí es Escocia en estado puro. Conversamos con nuestros compañeros de cuarto, Jan-Willem un experto en bosques y árboles y su hijo de 11 años que venían de Holanda,  y también, mientras nos preparábamos unos espaguetis en la cocina, con una mujer que era bióloga y venía de Alaska. Al final, en este tipo de situaciones, acabas practicando inglés escuchando historias de todo tipo. Con el hostelero, un escocés auténtico de campo, Freezer (o así entendimos que se llamaba) nos costaba más, de hecho cuando nos dijo su nombre creímos que nos estaba diciendo que estaba congelado, a lo que respondimos "yes, is cold today". Luego ya le pillamos el acento y resultaba gracioso como al acabar cada frase, siempre soltaba un "yeah" suave y pausado.


El camino que bordea el Loch Lomond




2 de mayo 2018
Etapa 3: Rowardennan-Inverarnan 
24km (+180 - 230) en 4h02 
altura máxima 102m

Amaneció soleado, aunque aquí es fácil que el tiempo de un cambio radical en cualquier momento. Así que aprovechamos para ponernos en marcha. El camino transcurría atravesando un bosque paralelo al Loch Lomond. Los primeros km fueron agradables y relativamente rápidos, pero a medida que avanzábamos, la cosa se iba complicando y, al constante sube y baja, había que añadir grandes piedras resbaladizas y barro que dificultaban mucho poder seguir adelante con un mínimo de ligereza. Así estuvimos unos 7km, hasta que, al fin, en los últimos 5, la cosa empezó a mejorar. Llegamos al final del lago y tras cruzar un puente alcanzamos nuestro destino.









Hoy íbamos a dormir en el Drovers inn. Construido en 1703, cuentan muchos de sus huéspedes que en él habitan varios fantasmas que se suelen aparecer en las frías noches escocesas.

Drovers Inn


Allí había una famosa, llamémosle, tasca o taberna, donde nos socializamos con algunos de los caminantes que ya nos conocían de vernos pasar cada día. La primera en acercarse fue una americana de Michigan llamada Amanda, ingeniera nuclear dijo que era, que sintió curiosidad por nuestra forma de hacer el camino. Ella fue la que nos contó que había varias historias de fantasmas en aquel lugar. De hecho, fascinada por estos acontecimientos paranormales, pidió la habitación número 6, donde parece ser que habita el espíritu de una chica que se ahogó en el lago muchos años atrás y cuyo cuerpo dejaron en la cama de esa habitación hasta que vino la funeraria a buscarla. Yo no sé, pero la Amanda que conocimos la noche antes, simpática y agradable, al día siguiente tras dormir en esa habitación, ya no era tal, se volvió un poco rancia y distante,  hasta tenía mala cara, pensamos que pudo ser la resaca del whisky de la noche anterior o que no había dormido del todo bien. Ahí lo dejo.

También cuentan que transita por allí una familia entera que murió de frío intentando llegar al Drovers inn y que se aparece tiritando a los pies de la cama de algunos huéspedes. Además, para completar el catálogo de habitantes ectoplasmáticos, vaga por los pasillos el fantasma de August, que fue asesinado por unos ladrones. Todo ello en épocas ya lejanas. En cualquier caso, nosotros nos alojamos en la habitación 18, donde no parecía haber ningún espectro, salvo nosotros mismos.

Habitación 18, donde pasaríamos la noche


Antes de ir a dormir, congeniamos con unos caminantes, 2 americanos y 2 escoceses puros (uno de ellos hablaba un inglés que no lo entendían ni los americanos) que se estaban pegando unas rondas de whisky escocés, mientras explicaban historias. Así que cuando nos fuimos a dormir nos quedamos K.O al instante, por lo que si algún fantasma vino a vernos tampoco le hicimos mucho caso.



Interior de la habitación en el Drovers Inn


3 de mayo 2018
Etapa 4: Inverarnan-Tyndrum 
20km (+390 - 160) en 2h50 
altura máxima 331m

Como buenos escoceses nos pegamos un desayuno británico; huevos, bacon, salchichas... había que recargar energías. Nos atendió un chico vestido con típico atuendo escocés, falda y calcetines largos incluidos, que cuando empezó a explicarnos lo que había para desayunar y oírnos contestar con nuestro inglés de Cuenca, nos soltó “¡si yo soy gallego!" y contestamos, "ya decíamos que para ser de aquí se te entendía muy bien". Fue agradable encontrar alguien que hablara nuestra lengua, allí raramente saben hablar otro idioma que no sea inglés. Para acabar de rematar un desayuno hispanoparlante, la pareja de nuestro lado, al oírlo, también empezó a hablar en castellano. Eran de París, pero tenían familia en la Costa Brava catalana y dominaban bastante bien el idioma. Ellos también estaban haciendo el WH Way y nos reconocieron como "los que van corriendo"


Los Corregrinos con Yago


Nos hicimos una foto con Yago, el gallego que trabajaba en el Drovers Inn, y salimos a la calle, donde también estaban a punto de iniciar la ruta el padre y el hijo holandeses. Conversamos con ellos un rato, les deseamos suerte y arrancamos a correr. Nos adentramos en un bosque, donde pronto tuvimos que parar para ponernos los ponchos por la intensa lluvia que estaba cayendo.




Como siempre, solemos ser los últimos en comenzar, pero, al ir corriendo, tenemos la suerte de ir adelantando y saludando a todos y cada uno de los caminantes con los que compartimos etapa, calculo que unos 40 ó 50 cada día. Esto hace que al final nos conozca todo el mundo y que los saludos y los ánimos que nos dan sean cada vez más efusivos.

el barro del camino


Llegamos a Tyndrum a la 1 del mediodía, allí teníamos reserva en un hotel de 4 estrellas. Todo muy bonito y muy bien, pero hasta las 14h no nos daban la habitación, a veces ir corriendo también tiene sus desventajas, demasiado rápido amigos.

Hotel en Tyndrum


No tuvimos más remedio que ir a comer hasta que fuera la hora en que pudiéramos entrar a nuestra habitación. Afortunadamente había una cafetería restaurante a escasos metros, donde el menú era el ya típico que nos vamos encontrando en todos sitios, poco variado; fish and chips o pollo al curry o hamburguesa, no hay mucho más donde elegir. Y tampoco es que comer sea barato, al final, con la bebida, te viene costando unas 14-15 libras (unos 17 euros)

Una vez recuperadas las energías, nos instalamos en nuestros confortables aposentos, donde nos pudimos duchar, descansar y lavar la ropa. Por la tarde, nos acercamos hasta el bar del Tyndrum Inn, donde al entrar nos reconoció un grupo de caminantes de diversas nacionalidades, estaban allí reunidos, bebiendo cerveza muy animados. Pronto fuimos el centro de atención y nos acribillaron a preguntas al respecto de nuestra idea de ir corriendo. Había suizos, alemanes y holandeses, todos haciendo broma con sus distintos acentos y nosotros con el nuestro. Al menos nos entendíamos y pudimos reírnos un buen rato. Más tarde, decidimos comprarnos una ensalada y un postre en el super e irnos a descansar. Mañana nos esperaba un día difícil.



4 de mayo 2018
Etapa 5 Tyndrum-KingHouse 
30km (+570 - 485) en 4h00 
altura máxima 442m

Era la etapa más dura, la que denominamos etapa reina, 30km con lluvia, barro, frío y un final incierto, puesto que en el destino de hoy teníamos que coger un supuesto bus que nos llevara a Glencoe a dormir. A la suma de kilómetros se añadió un largo camino de piedra resbaladiza compactada en el suelo; a cada pisada notabas, a parte de un creciente dolorcillo en la planta, como te patinaba el pie. Ese tramo en el ecuador de la etapa y de más de 10 km que además era en subida, nos minó mucho las fuerzas. Estábamos atravesando un paraje inhóspito y deshabitado, enormes laderas de hierba con un tono amarillento, quizá quemada por el deshielo de las recientes nieves. El camino llevaba a cruzar una carretera, justo en lo que se denomina King House. Uno puede creer que se trata de algún pueblo o zona habitada, pero no. Lo único que hay es un hotel, hoy de reformas y cerrado. Por lo que en nuestro planning tuvimos que tomar la alternativa de dormir en Glencoe, puesto que el siguiente lugar habitado dentro de la ruta estaba atravesando 16km más de zona desértica.

Paisaje Highlands


Leí por algún lado que en King House había una parada de bus que nos facilitaría el traslado a Glencoe, allí reservamos habitación en Galhsdrim room, la típica casa particular con habitaciones para alquilar, para dos noches, tanto para hoy como para mañana tras la ruta. Pero al llegar al km 30, justo en la carretera y bajo una intensa lluvia, no encontramos absolutamente nada. Preguntamos a una mujer típica escocesa, llamada Cristine, que estaba allí casualmente, en aquel cruce con su coche, entendimos que haciendo de soporte a una pareja de ancianitos entrañables que también estaban haciendo el camino. El caso es que esta amable señora nos dijo que por que allí no pasaba ningún bus y se ofreció a llevarnos ella misma a Glencoe, que estaba nada menos que a 20km siguiendo la carretera hacia el oeste. Fuimos muy afortunados de toparnos con alguien de este calibre humano rebosante de hospitalidad.

Tuvimos una agradable charla con Cristine que además tenía un inglés muy entendible. Nos explicó la terrible historia que ocurrió en Glencoe unos siglos atrás, concretamente el 13 de febrero de 1692, en la era del Jacobismo, donde 120 hombres pertenecientes al clan de los Campbell asesinaron sin piedad a gran parte del clan MacDonald que allí vivía. Tras un largo viaje y pedir alojamiento en el pueblo y éstos mostrarse hospitalarios y confiados. Durante la madrugada mataron a 38 hombres y dejaron a más de 40 mujeres y niños a la intemperie tras quemar sus casas. Algunos de ellos pudieron huir a las montañas al ser avisados con tiempo de lo que estaba ocurriendo. Por lo visto, las razones para llevar a cabo esta atrocidad eran unas rencillas del pasado que parecían olvidadas y que decidieron vengar de la manera más cruel posible cuando nadie lo esperaba.

Actualmente el pueblo está compuesto por unas cuantas casitas muy nuevas y donde la mayoría ofrecen Bed and Breakfast. Es un modelo de negocio muy extendido en Escocia, o al menos en esta zona de los Highlands, utilizar tu casa para alquilar habitaciones y tener unos nada desdeñables ingresos diarios con la gente que está de paso.

5 de mayo 2018
Etapa 6: King House-kinlochleven 
15km (+370 - 600) en 1h51
altura máxima 554m

Aquella mañana, al levantarnos e ir a desayunar al comedor de la casa, nos encontramos con una mesa de 5 huéspedes más desayunando en silencio, fue una situación algo incómoda, compartir mesa con extraños, recién levantados, cara de sueño y los sentidos aun activándose. Al rato, se rompió un poco el hielo y empezamos todos a hablar. Cada uno contó porqué estábamos allí; una pareja de jóvenes turistas que visitaban los Highlands, un señor mayor expiloto de moto de Trial y su hijo Dan Thorpe y la mujer de éste, Catherine Alford, ambos pilotos de motos, que nos contaron que iban a competir en los Scotish Six Days Trial, que justo se iniciaba esa semana. Fue entonces cuando entendimos por qué nos costó tanto reservar alojamiento en las últimas etapas. Fort William, nuestro destino final, era el centro neurálgico de este popular acontecimiento deportivo.


Los Corregrinos con Dan Y Catherine
De la misma manera que no hubo bus para venir, tampoco lo había para volver a King House, punto de partida de esta etapa, digamos de relax. El “husband” de la mujer que se ocupaba de atendernos en la casa, se ofreció a llevarnos por 10 Libras for each (por cabeza) hasta el punto donde lo dejamos ayer. La ventaja de volver hoy de nuevo a dormir a Glencoe es que pudimos descargar varias cosas de la mochila y llevar sólo la ropa para cambiarnos, algo de fruta y agua. Íbamos tan ligeros que al bajar del coche y notar el viento frío de la mañana, salimos corriendo como balas. El recorrido seguía una zona desértica, que en los primeros kilómetros iba paralelo a la carretera para luego virar hacia las montañas. Tuvimos que ascender durante un rato, aunque al ir más ligeros que otros días pudimos hacerlo con cierta comodidad. Hoy era una etapa fácil, pronto coronamos, mientras fuimos adelantando a todos nuestros amigos, luego iniciamos un largo y rápido descenso hacia Kinlochleven. Entramos en el pueblo, brillaba el sol y el cielo estaba azul. Nos cambiamos de ropa y fuimos a dar una vuelta. Hoy se celebraba aquí una de las competiciones programadas en el SSDT, así que había mucho ambientillo de motoristas.

Praderas en el WHW


Fuimos a tomar algo, charlamos con algunos de los caminantes y luego comimos allí. Por la tarde cogimos un bus, aquí sí que hay una buena red de transportes, y regresamos sin problemas a Glencoe.

6 de mayo 2018
Etapa 7: Kinlochleven-Fort William 
24km (+535 - 535) en 3h24
altura máxima 333m

Por la mañana, tras nuestro ya tradicional desayuno británico, cogimos de nuevo el bus para regresar a Kinlochleven e iniciar desde allí la que sería la última etapa del West Higland Way. Iniciamos la marcha desde donde lo dejamos ayer y enseguida enfilamos una montaña para salir del valle donde se encuentra el pueblo. A mi personalmente se me hizo un poco duro, habíamos recuperado todo el peso de la mochila y el ascenso, sin palos, se me hizo bastante penoso y doloroso para mis lumbares. Al llegar arriba, sentí cierto alivio y, por fin, tras parar a observar el paisaje y tomar algo de aire, pudimos arrancar a correr tímidamente, aunque la orografia aún seguía siendo a tramos ascendente. Cuando por fin llegamos a un camino que llaneaba, sí pudimos darle una marcha más al ritmo. En ese momento adelantamos a muchos de los caminantes que nos precedían, y contentos, fuimos saludando uno a uno. Pero de repente, se oyó como algo se rasgaba, el tirante de mi mochila acababa de ceder... ¡se me había descosido! Quedaban  15km para llegar a Fort William y así no podía continuar. Danielem, sacó sus bártulos de emergencia, y a lo McGiber, con una cuerda y cinta aislante, hizo un apaño que sirvió para superar el apuro. También se pararon a interesarse algunos caminantes que en su afán de ayudar me dieron unos imperdibles para intentar solventar “ la avería”. Al rato ya estábamos otra vez corriendo, re-adelantamos a todos mientras sonreían al vernos pasar de nuevo.


Arreglo en la mochila


Ahora sí avanzábamos decididos hacia Fort William, atravesamos un bosque completamente deforestado, probablemente debido a una plaga de algún bicho, cientos y cientos de árboles cortados a lado y lado del camino. Eso hacía tener mucha visibilidad a distancia, donde veíamos a los caminantes como hormiguitas que se movían en el horizonte. Ellos también nos veían venir y, como siempre, cuando la meta está cerca, la gente va más contenta y muchos de ellos sacaban el móvil al vernos pasar y nos hacían fotos y vídeos de recuerdo, así podían justificar que vieron a unos ‘zumbaos’ que hicieron el camino corriendo con la mochila a cuestas.

Llegamos a Fort William, no sin antes tener una vista frontal del Ben Nevis, montaña que tenemos prevista ascender mañana. Esta distracción casi me provoca un disgusto. Me despisté y pisé una piedra que me hizo perder el equilibrio, torcerme el tobillo y haberme ido de cabeza al suelo si no es porque Dani estaba justo delante mío y pude agarrarme a su mochila de forma bastante violenta. La cosa quedó en un susto, aunque el dolor en el tobillo me duró los 2 km de larga carretera que aún quedaban hasta llegar al cartel que indica “The end of the West Highland Way”.


final oficial del WHW, en Fort William


Fotos de rigor y llegada triunfal al pueblo, justo cuando un desfile con gaiteros y montones de motos daban la bienvenida al SSDT. Nos alojamos en el Ossean, en pleno centro de Fort William, muy buena ubicación sí, pero dejando bastante que desear en cuanto a las habitaciones, más parecidas a las de una prisión que a las de un hotel. Lo peor fue que al llegar no había agua caliente y nos tuvimos que duchar con agua fría. Por la hora que era tampoco encontramos ningún sitio abierto para comer y acabamos en un restaurante indio donde, aparentando ser barato, te cobraban por cualquier complemento que quisieras pedir durante la comida; el arroz, la salsa, el pan...  Menos mal que compensamos este mal inicio en Fort William comiéndonos un helado que, ciertamente, nos supo a gloria.


Desfile participantes en el SSDT


Por la tarde fuimos a un pub, donde pudimos ver el Barça-Madrid en un ambiente puramente británico y junto con el padre y el hijo holandeses muy aficionados al fútbol.

7 de mayo 2018
Ben Nevis (+1265 - 1265) 
subida en 2h bajada en 1h47
altura máxima 1347m

Hoy era mi cumpleaños y la forma de celebrarlo prevista era coronar el Ben Nevis. La cosa no pintaba bien, estaba lloviendo a cántaros. Las previsiones en la cumbre tampoco eran muy halagüeñas, comentaban que arriba hacía mal tiempo y que había mucha nieve. Lo curioso es que no se trata de una montaña excesivamente alta, unos 4400 pies, que son unos 1330 metros. Pero debido a la ubicación y al clima frío le da un aire mucho más heroico ascenderla.

Como tampoco queríamos ponernos en riesgo, esperamos a que avanzara la mañana para ver si la cosa mejoraba. Fuimos a una tienda de montañismo a comprar  unos palos de trekking  y allí estuvimos hablando con los vendedores, que amablemente nos informaron del trayecto y las características de la travesía hasta la cumbre que queríamos hacer. Nos dijeron que el clima era el normal, osea que no había tampoco que esperar  a un día  mucho mejor para subir. La lluvia que caía no veían que fuera un impedimento y el hecho de que hubiera nieve e hiciera frío en la cumbre también era algo asumible y lógico. Sin pensarlo más, cogimos un taxi que nos llevó hasta el punto de partida del ascenso al Ben Nevis, eran ya las 12 del mediodía pasadas y seguía cayendo una fina lluvia. Era una hora quizá tardía para subir y bajar, pero nuestra intención era hacerlo lo más rápido posible, así que nos pusimos a ello.

Habíamos comprado fruta y Dani un extraño zumo vitamínico, con un sabor algo parecido a tomate, a mi no me gustó demasiado así que a penas le dí un sorbo. Danielem, sin embargo, se lo bebió casi todo. No sé qué tendría el susodicho zumo, pero le sentó a las mil maravillas. El camino, hecho de pedruscos fijados en el suelo, dicen que para que pudieran subir los ponis de carga, resbalaba de lo lindo. Suerte de los palos, porque la cosa se iba inclinando cada vez más. Pronto empezamos a sudar como pollos y a despojarnos de las capas que llevábamos en previsión del frío y la lluvia. A los 3 km, el camino llaneaba y nos pusimos a correr, en aquel punto, se vislumbraba una larga cola de valientes que estaban subiendo a los que fuimos adelantando uno tras otro. Una vez el camino volvió a inclinarse y a complicarse técnicamente, tuvimos que  ralentizar el paso, aunque Dani seguía a un ritmo muy machacón sin dar tregua ni para hacer una foto. ¡¡Dichoso zumo!! Seguimos adelantando a hordas de gente que subía en penosa procesión. Esta multitud se iba reduciendo según nos acercábamos a la cumbre. A falta de un kilómetro y medio, el panorama cambiaba totalmente, de repente, hacía mucho frío, estaba todo nevado y había una intensa niebla que no dejaba ver más allá de tus narices. En aquel punto, la mayoría de gente ya se había dado la vuelta. Nosotros seguimos adelante, aunque yo a Dani ya no lo veía. Me paré a abrigarme porque hasta entonces iba en manga corta y la verdad es que el frío y el viento azotaban de lo lindo. Hubo un momento, en que ya no había nadie a mi alrededor y  me sentí completamente solo en un lugar que se parecía más al Everest que a otra cosa. El camino lo marcaban unos montoncitos de piedras que tenías que ir identificando como sombras en la niebla. Lo cierto es que las condiciones tan adversas hicieron que fuera algo épico y muy divertido.


Culminando el Ben Nevis

Danielem en el Ben Nevis


En la cumbre había como un pequeño refugio, bueno era más bien un zulo, donde entramos a comernos la fruta y donde departimos un poco con las 3 ó 4 personas con las que coincidimos allí arriba. Al poco, sin más deambulo, iniciamos el descenso, en la parte de nieve, nos dejamos caer, corriendo como locos colina abajo. Al llegar a la zona de piedra y al estar éstas mojadas, fuimos con bastante cuidado. El cansancio ya se hacía patente por todo lo realizado en los últimos días y no quisimos forzar ya más de la cuenta. Con todo, en menos de 2h ya estábamos abajo, pidiendo mesa para comer en el restaurante. Fue una buena manera de celebrar mi cumpleaños y una buena manera también de poner la guinda a esta aventura escocesa. Ahora ya sólo quedaba, al día siguiente, volver en un largo viaje en tren a Glasgow para dormir allí, madrugar y volar de nuevo a casa, con nuestra nueva misión corregrina cumplida.





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