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jueves, 18 de agosto de 2011

EL PODER DE LA MENTE EN EL DEPORTE






EL PODER DE LA MENTE EN EL DEPORTE


Reconozco que me gusta mucho el fútbol, bueno, puedo decir que me gusta todo el deporte en general, pero el fútbol es uno de mis predilectos. También me confieso seguidor del F.C.Barcelona y, en estos tiempos, de los métodos de trabajo utilizados por su entrenador, Pep Guardiola, donde el aspecto psicológico y motivacional de los jugadores es fundamental para los éxitos que están cosechando.

Recientemente he disfrutado viendo los dos partidos de la Supercopa de España, donde Barça y Real Madrid pugnaban más que por un título, a priori de menor trascendencia, en pleno mes de agosto. Ambos se jugaban, en cierta manera, el prestigio, el ser mejor que el eterno rival. El Madrid preparó a conciencia este doble duelo, con partido de ida y vuelta, haciendo una pre-temporada pensada exclusivamente para llegar lo mejor posible a la cita, trabajando con el equipo titular desde el primer día, aunque jugaran contra un tercera regional de la liga china. El Barça, sin embargo, no preparó a penas, en lo que sería el aspecto físico, este compromiso y se presentó en el primer partido con jugadores que, como quien dice, venían aún con las chanclas puestas y la toalla al hombro. Como seguidor blaugrana, me inquietaba bastante esta situación, ya que es como si haciendo un traspaso a nuestro deporte, que es correr, nos presentáramos desarmados frente a nuestro peor enemigo deportivo en una carrera en la que, por supuesto, nuestro rival no iba a tener la mínima compasión de nosotros y que además ardía en deseos de vapulearnos y humillarnos, no sólo ganándonos, si no metiéndonos si pudiese dos minutos. Es en ese punto donde entra el poder de la mente, donde el físico parece que no va a llegar aparece el pundonor, el orgullo y el sobre esfuerzo. Siguiendo con la comparativa con el running, veo claramente que hay atletas que poseen este don, el don de no escuchar a esa vocecilla que te dice: “no puedo” y substituirla por esa otra que dice: “vamos, vamos, un poco más”. Esto es la clave, la mayoría de veces, de ganar o no ganar, de conseguir un reto o una marca o no conseguirla o simplemente de no rendir al máximo de nuestras posibilidades. Es cierto que todos tenemos un límite, somos humanos, no nos engañemos, pero muchas veces no llegamos siquiera a acercarnos a nuestro máximo. En mi carrera deportiva, he visto ejemplos de todo tipo, atletas de una gran calidad que no han llegado a triunfar por esa falta de convicción o miedo escénico y también atletas que, aún siendo físicamente mediocres, han logrado gestas inimaginables para ellos, gracias a conseguir estimular su mente hasta límites imposibles. Una vez leí un artículo sobre un curioso experimento en el que hacían una medición de la fuerza de una mujer. Tras el primer test de fuerza, la ponían a prueba haciéndole imaginar que bajo un determinado peso cada vez mayor y que ella debía soportar, se hallaba su hijo. Se comprobó que esta mujer tenía una fuerza siete veces superior en esa situación extrema, y de la que supuestamente dependía la vida de su hijo, que cuando le midieron la fuerza inicialmente sin ninguna motivación especial.


Finalmente el Barça, gracias a ese poder mental, a esa motivación extra y obviamente a su talento natural, consiguió vencer (2-2 y 3-2) a un equipo que mostró un estado de forma mucho mejor, también con mucho talento, pero que no contaba con que muchas veces creer y querer es poder. Otro día hablaremos también de los deportistas que no saben perder, pero eso ya es otra historia.

1 comentario:

  1. De acuerdo... Igual que entrenamos el cuerpo... Tendríamos que entrenar más que la mente, el cerebro, ya que en el se deposita toda nuestra capacidad potencial en todos los ámbitos... El cuerpo sin el cerebro no es nada...

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