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miércoles, 5 de diciembre de 2012

II HALF COLERA XTREM




Últimamente no tiraba ni para atrás, tenía muchos problemas en los ísquios y la zona lumbar y sobretodo en el tendón de Aquiles, que me lleva dando guerra desde hace más de tres meses. En definitiva, que a mi bajo estado de forma física se habían sumado esas molestias que ya no me dejaban ni entrenar. Así se presentaba el reto de ir a correr la II Half de Colera, una carrera de 21km de montaña extrem. Sinceramente, a una semana vista, no me veía capacitado ni motivado para poder hacerla.

Sin embargo, unos días antes opté por ir al osteópata. No podía ser que no pudiera ni salir a rodar 30 minutos a ritmo cansino con molestias y rampas en los ísquios. Efectivamente, al verme el especialista, me comentó que estaba totalmente descompensado. A raíz de un pinzamiento en las vértebras llevaba forzando la postura varios meses, lo que me había provocado sobrecargas por todas partes. Durante 45 minutos me  estuvieron crujiendo y recolocando todo el cuerpo. Salí de allí dolorido, pero nuevo. Carai cómo se nota… ¡¡¡ahora al menos puedo correr!!!

Quizá era un poco precipitado aún, pero decidí participar en Colera. Así pues, junto con Danielem y Joaquim Serra (nuevo fichaje del Canet Race) nos presentamos en este bonito pueblo costero en la frontera con Francia. Jordi de Diversport, el organizador de la prueba, me había avisado que era un circuito “durillo”, pero muy bonito. En fin, ¿quién dijo miedo?.

Momentos antes de la salida


Era un día frío y  ventoso a más no poder, aunque afortunadamente había solecito. A las 10h se dio la salida desde el paseo marítimo y ya enfilamos enseguida hacia la montaña. Los primeros 4 kilómetros picaban hacia arriba y el viento insistía en empujar hacia abajo. Para aguantar un ritmo digno escalando entre las piedras había que hacer un gasto energético considerable, que creo que yo en estos momentos no tenía. Dejé escapar a 4 ó 5 corredores e intenté administrar mis fuerzas subiendo a un ritmo alegre pero sin hacer grandes derroches. Me dije a mi mismo “la carrera empezará cuando llevemos una hora”. Así pues, fui haciendo, manteniendo un ritmo constante. Joaquim, muy valiente, se fue con los de adelante colocándose en segunda posición. Dani no se encontraba fino y se empezó a descolgar quedándose bastante atrás. Fui solo a partir de entonces pero siempre controlando a mis predecesores. Pasados los 5 kilómetros había un tramo de camino, más o menos corrible que, aunque hacía bastante pendiente, me permitió recortar muchos metros a los escapados. Pillé a dos de ellos en un rato y ya me coloqué tercero. Aún era pronto para darlo todo, así que me reservé fuerzas para ir a por el segundo clasificado que era Joaquim, mi siguiente objetivo.


circuito extrem
Y así, en tercera posición, llegué al ecuador de la prueba, de repente estaba atravesando un misterioso bosque que parecía sacado del Señor de los anillos, por un momento temí perderme y aparecer en Mordor. Entre las rocas seguí escalando, cresteando por una cumbre hasta cruzar la frontera con Francia, no venía nadie por detrás, y Joaquim se veía a lo lejos. Tanta soledad me había amuermado y me di cuenta que mi ritmo era bastante cansino.Ya llevaba una hora de carrera, así que era el momento de actuar. De golpe, cuando aún estaba despertando de mi letargo y luchaba contra el viento infernal, justo al iniciar el descenso, apareció un corredor que pidiéndome paso me adelantó como una exhalación… reconozco que me piqué. ¿Y este de dónde ha salido? Pensé. La verdad es que bajaba muy rápido el puñetero. Era Marc Oliva. Me enganché a él y siguiendo sus mismos pasos me lancé colina abajo como las cabras.  Sabía que a ese ritmo no tardaríamos en pillar a Joaquim. Y así fue, en una zona realmente complicada, rocosa y con cadenas para agarrarse, le dimos caza. Incluso me puse por delante de mi acompañante y busqué escaparme en segunda posición, ¿podría aún pillar al primero?.  Pero, de repente, oímos un grito de dolor detrás nuestro… era Joaquim que se había torcido el tobillo. Ambos nos paramos y retrocedimos para interesarnos por él. Le preguntamos cómo estaba y a pesar de mostrar una evidente cojera dijo que iba a seguir… emprendimos la marcha y le dijimos que avisaríamos en el siguiente avituallamiento. La orografía se complicaba por momentos, íbamos por el lateral de la montaña y las piedras no eran fijas, pisabas y se iban despeñando. La reciente parada propició que el cuarto y el quinto clasificados nos dieran caza. Todo se empezó a complicar para mí. Me  dolía una llaga en el píe que me estaba haciendo y las piernas y la concentración me fallaban. De repente perdí fuelle y mis tres acompañantes empezaron a meter tierra de por medio, rocas de por medio en este caso.

Me desinflé completamente, empecé a ir muy despacio y a descender dando saltitos de “niña”. Con tanta zarza, se me engancharon los cordones y se me desataron, a perro flaco todo son pulgas. Al pararme vi que tenía toda la rodilla ensangrentada, ni siquiera recordaba cuándo ni cómo me lo había hecho. Como era de esperar, otro corredor me dio caza, era Dani, que bajaba bastante rápido. Al adelantarme no tuve fuerzas ni ganas de engancharme y viendo como se alejaba simplemente me limité a animarle. Tras arrastrarme un poco más y pararme a atarme la zapatilla una segunda vez (la primera vez, con las prisas, no la había atado bien), llegué al último tramo que, por fin, era de pista ancha. Tenía 3 kilómetros de camino, con piedras eso sí, hasta la meta. Pensé que era una pena no haber llegado mejor a ese tramo porque ahí hubiera sido donde podría haber luchado con todas mis armas por conseguir la victoria. No pudo ser y entré en 6 posición. La carrera la ganó Jordi Gamito, que se escapó desde buen principio y ya nunca más volvimos a saber de él.


La verdad es que, a pesar del sufrimiento final, disfruté bastante. Es una carrera extrema, con mucha piedra, muy técnica y exigente, pero con unos parajes increíbles. Es una pena no haber llegado más en forma. Pero al menos, tuve buenas sensaciones y gracias a mi paso por el osteópata he recuperado las buenas sensaciones corriendo. Ahora sólo queda una cosa para mejorar: entrenar un poquito más.

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