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domingo, 19 de abril de 2015

UN FIN DE SEMANA MONTAÑERO EN LA VALL DE RIBES


Foto: Jordi Ràfols
Hace ya unos meses, en mi afán de probar cosas nuevas, debuté en una carrera vertical, concretamente en la Sitja del Llop. Aquel día, a pesar de ser un novato, disfruté bastante e incluso conseguí quedar 7º de la general pegado a mi gran amigo Raúl Estévez, especialista en este tipo de carreras. Allí en el Montseny coincidí con el "mestre" Xevi Guinovart que me invitó a participar en lo que él me calificó como un "auténtico" KMV y de paso también en un Trail de 15km que iba a organizar el fin de semana del 18 y 19 de abril en Ribes de Freser, en el Ripollés. Faltaban 5 meses, pero quedó apuntado en mi agenda como una cita ineludible. Iría en representación de running.es a cubrir el evento, me hacía ilusión.


Los meses han ido pasando y lo cierto es que, aunque he seguido manteniendo un buen punto de forma, he dejado muy de lado el tema de la montaña. Pero estoy en un momento en el que mi prioridad es disfrutar de lo que hago y a pesar de que me gusta ser siempre mínimamente competitivo,  es cierto que, al final, el resultado es algo secundario. Por eso, no tuve reparos en presentarme en la Vall de Ribes el sábado por la mañana dispuesto a subir al Taga por la vía directa, aunque no me sintiera preparado y supiera que iba a sufrir.

Reencuentro con Radulfum. Foto: Carlos Cabezas
Allí me encontré con el gran Radulfum (Raúl Estévez). Hacía tiempo que no coincidíamos y me alegró mucho poder compartir con él este fin de semana montañero. Pero pronto había que entrar en faena, así que después de recoger el dorsal y saludarnos, sin tiempo para mucho más, empezamos a calentar. La salida del KMV era modo contrarreloj, a corredor por cada 30 segundos. El orden de salida era inverso al número de dorsal. A mi me habían asignado el 10, por lo que detrás mío saldrían a cazarme todos los cracks, incluida Laura Orgué, Campeona del mundo del KMV.  El circuito, tal y como me anunció Xevi, meses atrás, era un auténtico vertical. En apenas 4'6km íbamos a superar 1.100m+ llegando hasta la cumbre del Taga a 2.040m. Los primeros metros ya me dieron a entender lo que me iba a encontrar, prácticamente iba subiendo a 4 patas. La inclinación era brutal y correr me resultaba harto difícil. Además, la altitud no ayudaba nada, la sensación de asfixia pronto se apoderó de mí y el ácido láctico no tardó en bloquearme las piernas. Lo pasé mal. No conocer el recorrido no ayudaba tampoco. Reconozco que hubo momentos en que esa impotencia por no poder correr y el no saber lo que me quedaba  me creó cierta ansiedad que me afectó, aún más si cabe, al rendimiento.

Foto: Jordi Ràfols
Mi objetivo era bajar de 50' que, más o menos, había oído de los expertos que era una buena marca. Al final me quedé en 51'10, aunque cuanto más me acercaba al final mejor me fui encontrando. Parecía que me iba adaptando a las sensaciones y el hecho de saber que ya me quedaba poco me ayudó a apretar. Para hacerse una idea de lo duro y exigente del recorrido cabe decir que la gran mayoría de participantes iba con palos, una herramienta que si sabes utilizar te puede ayudar mucho. Yo, obviamente,  no tengo ni papa y opté por subir a pelo. Las clasificaciones mostraron que no sólo el circuito era duro, sino que el nivel de los participantes era de lo mejorcito, un nivel de campeonato autonómico. Así que bueno, tuve que conformarme con acabar el 23 de la general y con el consuelo de haber sido el tercero Veterano. Lo difícil de colarse entre los primeros quedó patente con el puesto 16 con el que también se tuvo que conformar Raúl. Y es que el ganador se presentó arriba en poco más de 44 minutos, una barbaridad.


Foto: Jordi Ràfols
El resto del día lo dedicamos a disfrutar del pueblo y a comer bien, invitados gentilmente por la espléndida Sandra, la madre de Raúl. Por la tarde tuve el placer de participar en una mesa redonda como uno de los ponentes. Allí se creo un interesantísimo debate sobre lo que son hoy en día las carreras de montaña que mantuvo a los presentes distraídos durante 2 horas. La organización nos facilitó a Raúl y a mí un sitio para dormir y no tardamos mucho en irnos a descansar nada más acabar de cenar. Al día siguiente nos volvía a tocar tute.

Nos levantamos a las 7:30 y desayunamos un poco de tarta energética que había traído preparada Raúl. El día amaneció lluvioso y frío. A menos de una hora para correr empezó incluso a granizar. La carrera de 27km salió a las 9 en punto, 30 minutos más tarde la nuestra, la de 15km con 750m+.

Foto: Jordi Maura (Bussetus)

Foto: Jordi Basagaña

Los primeros kilómetros del recorrido se me hicieron muy  muy duros, y más al comprobar que volvíamos a recorrer gran parte del kilómetro vertical.  El cansancio del día anterior me hizo mella y pronto perdí comba con los primeros. Lo contrario que Raúl, al que se le veía muy cómodo subiendo, en su terreno. Si ayer lo pasé mal en ese ascenso mortal, hoy más. Volví a revivir las mismas sensaciones, aunque además habíamos de incluir la pesadez del barro. Iba tan agachado que a penas podía respirar, lo cual es un gran error. ¡Siempre erguido! me dijo uno de los corredores mientras me adelantaba. La bajada tampoco es mi fuerte, pero hoy la cogí con ganas harto ya de tanta subida. Los tramos de pradera eran como un oasis para mí y pude correr durante un rato por debajo de 4', lo que me hizo recuperar algunos puestos. En las zonas más técnicas de bajada volvía a perder comba, pero intentaba aprovechar para disfrutar del entorno, puesto que pasábamos por sitios preciosos. Había tramos blancos por el granizo que había caído, lo que aún le daba un toque más épico. Bajando por un camino de piedras me torcí el tobillo derecho, aunque me recuperé relativamente rápido, sin embargo, cuando ya estábamos llegando al pueblo, bajando por un sendero bastante corrible y cuando me acercaba al top ten en la clasificación, sufrí una torcedura muy fuerte en el izquierdo, que esta vez sí, me hizo ver las estrellas. Tuve que cojear durante un buen rato, perdiendo incluso un puesto en la clasificación. A pesar del dolor, me recuperé lo suficiente como para volver a apretar y recuperar ese puesto perdido, entrando así el 12 con 1h 18, siendo el 2º de mi categoría. Tuve una gran alegría al ver que Raúl se había hecho con la victoria de la carrera. Se lo merece después de 3 años dedicados de lleno a entrenar la montaña. Es el claro ejemplo de que la constancia y sobretodo el esfuerzo y la motivación por hacer algo acaba dando sus frutos.


Jordi Maura (Bussetus)
Y después de celebrarlo de nuevo con un buen menú casero y disfrutar de un ambiente sano y agradable de todos los que hicieron posible un evento de estas características, Jordi Ráfols, Tere, Jordi de Bussetus, Xevi, Pucca y toda esa buena gente que forman esta gran familia, tocaba volver a casa a descansar. Un poco dolorido del tobillo y con las piernas castigadas, pero con una nueva experiencia en el zurrón, un  fin de semana de deporte intenso en la montaña de los que se quedan grabados para siempre en la memoria.

2 comentarios:

  1. Genial la cronica Ricard! Coincidimos en la mesa redonda y en las dos cursas, estoy contigo el domingo los 15km se me hicieron eternos después de la vertical pero por el recorrido valió la pena. Enhorabuena por los resultados.

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    Respuestas
    1. Gracias Jose, pero es que los corredores somos así... Nos lo pasamos bien haciendo lo que más nos gusta, eso sí, sin llegar a perder el conocimiento ;)

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