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domingo, 5 de mayo de 2013

MENSAJITO PARA LA RFEA Y EL CSD





Hace ya algunos años la Real Federación Española de Atletismo y el laboratorio del Consejo Superior de Deportes, el uno por el otro y el otro por el uno , arruinaron mi carrera deportiva profesional. Pero no sólo fue eso, fue mucho más, mancharon mi nombre y pusieron en duda mi dignidad. Un estigma que me hicieron arrastrar durante años. No cabe duda de que me hicieron un daño irreparable, pero sobre todo hicieron daño a mi entorno más cercano, a la gente que yo más quiero. Para quién quiera saber de qué hablo sólo tiene que leer Epopeya de un atleta ajusticiado, artículo que publicó en su día la Vanguardia . 
El caso es que tras  6 largos años de toreo y malas artes por parte de estas personas que allí mandan, acomodadas en la poltrona, intoxicadas por sus ansias de poder, dinero e intereses personales, por fin, tras una lucha totalmente desequilibrada, David contra Goliat, se les pudo vencer y dejar en evidencia. Así lo confirma la sentencia del Tribunal Superior de Justicia de Cataluña nº 154/2010, de 18 de febrero de 2010. Sin embargo, para alargar el proceso un par de años más, y así paliar el impacto de un posible escándalo previo al campeonato de Europa que se disputó en Barcelona ese 2010 y, por supuesto, no tener que asumir responsabilidades, realizaron un recurso de Casación a la desesperada que, obviamente, el Supremo les rechazó, dándome de nuevo la razón. En definitiva, quedó bien claro que la sanción fue anulada por cuanto el resultado del análisis de la muestra analizada en cuestión NO fue positivo. Algo que a todas luces se debe considerar como  extremadamente grave e infinitamente dañino para mi persona . 

Entonces viene la segunda parte de la historia. ¿Y ahora qué? ¿Cometen una barbaridad como esta y se van de rositas? ¿Tienen total impunidad para arruinar la vida de una persona y quedarse tan anchos?
El presidente de la RFEA, el señor Odriozola, me envió un mail particular en cuanto salió a la luz la sentencia, en el que aseguraba "alegrarse por mi" y además hizo hincapié que la RFEA no tuvo nada que ver, sino que fue un fallo inexplicable del  laboratorio del CSD. Reconoció que se trataba de un caso muy grave y me prometió literalmente:" te restableceremos tu título de subcampeón de España de 10.000 de ese año, así como la marca y lo que ello represente. Borraremos tu nombre de los registros de dopaje positivo y haremos una nota de prensa aclarando lo sucedido". Aún estoy esperando.

Visto lo visto, no ha habido otra que exigir daños y perjuicios. Ahora son ellos los cuestionados. Se gira la tortilla. Y es entonces cuando ya sí que han quedado totalmente retratados. Para escurrir el bulto han presentado un escrito, en la fase de audiencia del procedimiento administrativo, donde reconocen (a su manera, echándose la culpa los unos a los otros) que se "equivocaron" pero niegan que yo haya sufrido daño alguno, ni moral, ni económico, ni de ningún tipo. Vamos, que es como si te acusan de un delito que no has cometido, te ejecutan públicamente  y luego dicen, "uy, que nos hemos equivocado. Bueno que suerte has tenido, ya te puedes ir". Si no fuera porque es un tema serio harían hasta reír con sus alegaciones. Hablando en plata ¡no tienen vergüenza alguna! 

Me ha llamado mucho la atención que para justificar, según ellos, que no sufrí ningún daño hayan recurrido  a hacer referencias a lo que yo he escrito en este mismo blog. Lo cual me halaga, ¡ holaaa, gracias por leerme! 
En concreto hacen mención a dos entradas: "qué fue de Ricard Fernàndez" y "El desmoronamiento del atletismo profesional en España". Lo curioso es la interpretación que hacen de mis palabras. Sencillamente alucinante.

Tras analizar mis textos y subrayar las partes que ellos consideran, sin prestar atención al contexto, claro está, se atreven a afirmar que yo no abandoné el atletismo profesional por su culpa. Sino que lo dejé porque consideraba que había opresión, hipocresía, envidias, mentiras, egoísmo y que nunca terminé de adaptarme a eso. ¡¡¡Pues claro, lumbreras!!!  Es evidente que no me adapté, ni quise volver a correr hasta que se aclarara lo sucedido con mi caso en concreto.... La suspensión de la licencia "sólo" fueron 2 años, sí, pero, gracias a ellos y a sus constantes trabas, el periplo de mi defensa tardó 8 años en total. Ese es el tiempo que yo considero que duró mi injusto castigo. ¡¡¡8 largos años!!!Mi decepción y desmotivación era tal que no quise volver a entrenar al más alto nivel hasta que mi nombre estuviera totalmente limpio. Luego sueltan que de mis textos se infiere que yo nunca tuve intención de dedicarme profesionalmente al atletismo.¿En base a qué dicen eso? ¡ qué manera de tergiversar mis palabras! Soy un defensor a ultranza del deporte saludable,de su esencia y por ende del atletismo popular , sí, pero de hecho yo era totalmente profesional cuando acaecieron los hechos. La desgracia que tuve fue la de dedicarme profesionalmente al atletismo amparado por una federación nefasta. A eso me refiero en el post, que su trabajo está siendo pésimo. Por último, dicen que yo mismo reconozco  que contaba poco para el señor Odriozola por mi edad y mi proyección de futuro. Parece que no conocen el concepto de la ironía. No me dejaron ni intentarlo y además se atreven a juzgar que con 30 años estaba ya en el ocaso de mi carrera. Por un lado parece que busquen la excusa perfecta para no asumir la culpa "claro, ya se iba a retirar, que más da, lo utilizamos de cabeza de turco para que la gente crea que luchamos contra el dopaje y así le sacamos rendimiento" ¡patéticos! Lo cierto es que estaban muy equivocados en ese aspecto porque, por otro lado, mi proyecto inmediato era dar el salto a la maratón, creo que con muchas posibilidades y años por delante , ilusión no  me faltaba y evidentemente la edad era ideal. Quizá no entiendan tanto de atletismo como deberían. Así nos va.

Tengo claro que cuando sus ridículas alegaciones lleguen al juez del Contencioso-Administrativo, me dará la razón y les exigirá que se hagan cargo de la responsabilidad que les pertoca y que apechuguen con su correspondiente sanción económica. En definitiva, pretenden haberme linchado, según ellos "por un inexplicable error" y tener la desfachatez de decirme que me tengo que aguantar. ¡Por favor, por una vez sean personas decentes y tengan un poco de dignidad ! A esta gente, les desearía que pasaran por algo similar y que les dijeran lo mismo que ellos me dicen a mí. No ha sido una experiencia agradable, pero he creído conveniente ir recogiendo los diferentes capítulos en un libro, que aún no está acabado y que quizá algún día me decida a publicar. De momento, aquí dejo el Capítulo 1, el día que me dieron la nefasta noticia, para que vean lo que es el inicio de una auténtica pesadilla:



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Historia de un corredor
Capítulo 1  

   Era una calurosa mañana de Agosto. Por la ventana entraban ya unos molestos rayos de sol que me daban en la cara, aunque no acababa de despertarme. De repente, el sonido del teléfono móvil, siempre solía apagarlo, pero esa noche me olvidé de hacerlo. La melodía repentina me asustó, me sentó mal y me desvelé rápidamente, tuve un mal presagio. La pantalla reflejaba un número de Madrid, ¿a esa hora?... yo estaba en casa de Laura, la que era mi pareja por aquel entonces, en Las Palmas, de vacaciones, así que para mí aún era más temprano, una hora menos. Al final decido contestar:

- ¿Si?
- Hola, ¿Ricard Fernández?
- Sí, soy yo.
- Mira, te llamo de la RFEA, del Comité antidopaje.
- Sí, dime...
- Te llamo para decirte que has dado positivo en un control de dopaje.

En ese momento se me vino el mundo encima... toda mi vida atlética se me pasó por la cabeza, cientos de pensamientos y sentimientos indescriptibles... pero una frase retumba en mi mente... “no puede ser, no puede ser”... intento recordar qué he podido tomar.. ¿Y cuándo?... ¡¡no recuerdo nada!!... ¿pero de qué diablos está hablando esta tía? Tras unos segundos... balbuceo las primeras palabras, nervioso, perdido... incrédulo...

- ¿Es una broma?
- No, no lo es...
- Pero, vamos a ver... ¿con qué sustancia he dado positivo?
- Por EPO.
- ¿Por EPO? Pero, ¡¡¡eso es imposible!!!

La voz me tiembla, no puedo pensar con claridad... parece una pesadilla.. Quiero despertar... pero no puedo. Empiezo a caminar de un lado para otro con la mano en la cabeza. No sé qué decir, no sé qué preguntar. Mi interlocutora tampoco ayuda, se queda callada esperando a que yo le diga algo. Al final opta por hablar...

- Se te envió la notificación a casa el 13 de Agosto, pero vino devuelta porque no había nadie en casa.
- ¡Claro!.. Estoy de vacaciones.
- Bueno, pues dime la dirección donde estás y te la envío allí urgente.

Me siento en el sofá del comedor con los codos apoyados en las rodillas y mirando al suelo... la mente la tengo en blanco. Le digo la dirección haciendo un gran esfuerzo de concentración. Sigo pensando, qué ha podido pasar, pero no recuerdo nada... el nudo en el estómago es cada vez mayor...

- Esto debe ser un error. Lo siento pero no recuerdo haber tomado nada...
- Bueno, puedes alegar lo que quieras y pedir el contra-análisis.
- ¡Hombre, eso por supuesto!
- Los plazos son muy reducidos... tienes que enviar un fax cuanto antes y te darán fecha y hora.
- Bueno, vale... ahora mismo lo envío. Aunque a mí todo esto no me convence... necesito una explicación más precisa.
- Si quieres le digo al secretario general de la RFEA que te llame... aunque está en Atenas.
- Sí, por favor... que me llame.

Al colgar, el silencio... y un zumbido agudo en mi cabeza... el corazón me late a toda velocidad y me falta aire en los pulmones... sigo sentado en el sofá unos instantes, reacciono y empiezo a caminar por toda la casa como un pollo sin cabeza, con la mirada perdida, dando vueltas y más vueltas... y repitiendo en voz alta “no puede ser, no puede ser...”. ¿Qué hago ahora? ¿Qué va a pasar? ¿Qué van a decir?... ¡No hay derecho! ¡Esto no es real! A mí, precisamente a mí, me hacen esto... pero si yo siempre he estado en contra del dopaje... es más, siempre he criticado a los que han utilizado sustancias prohibidas para mejorar, porque eso a mí me ha perjudicado mucho. Laura, espectadora de todo, apenas ha mediado palabra... está perpleja y asustada. Intenta tranquilizarme y al rato consigue que me siente y me calme un poco. Empezamos a hablar pausadamente sobre lo que me han dicho y sobre lo que hay que hacer. La conversación con Laura me hace entrar en razón y recupero relativamente la calma. Aunque el nudo en el estómago ya no se me iría en mucho tiempo. Razonamos conjuntamente lo que ha podido pasar, y ante la evidencia de que no ha habido posibilidad alguna de haber dado realmente positivo, concluimos que puede que se trate de un error y que todo quedará en una anécdota. Así pues, escribo mis primeras alegaciones en un papel y solicito que se haga un contra-análisis de la muestra B que resta en poder del laboratorio del CSD. En ese momento quiero pensar en la buena fe de las personas y más con este tipo de cosas, que pueden destruir el honor y la dignidad de una persona. Envío el fax solicitando contra-análisis con la esperanza de que se aclare el malentendido.

Más tarde me llama J.L d C., el Director General de la RFEA, lo hace desde Atenas, ciudad donde estaban a punto de iniciarse los Juegos Olímpicos del 2004. ¡Qué triste! Y yo que siempre había pensado que estaría en esas Olimpiadas en calidad de atleta. Pero el año no me había ido todo lo bien que esperaba y eso a pesar de todos los sacrificios hechos. Para mí ya era un castigo no haber podido asistir a esos Juegos... pero acusarme de dopaje... eso ya no es un castigo ¡eso es algo despiadado y cruel! Si realmente hubiera querido coger el camino del dopaje no habría sido para clasificarme para unos Juegos Olímpicos, probablemente estaría pensando en cotas mayores... pero ese no es mi estilo, nunca lo ha sido y nunca lo será.

El señor J.L d C, se muestra muy diplomático y utiliza el típico discurso de hablar sin decir nada. Escucha mis palabras desgarradas sumidas en la indignación  y la desesperación. Él se limita a decir que no es nada definitivo y que aún resta el contra-análisis y que puedo alegar todo lo que quiera. Me dice que mantenga la confidencialidad y que espere a ver qué pasa.

No recuerdo día más largo en toda mi existencia que aquel 23 de Agosto de 2004. La sensación de angustia se apoderó de mí y no sabía qué hacer... sólo Laura sabía por lo que estaba pasando... así que salimos a dar una vuelta. Recuerdo que pasamos la tarde sentados en un parque esperando que todo aquello no fuera más que una alucinación delirante. La noche no fue menos angustiosa, y a pesar del cansancio mental que tenía, no podía conciliar el sueño más de cinco minutos seguidos. No podía parar de preguntarme qué había ocurrido, ¿por qué decían que había dado positivo?. Constantemente me venían a la mente las cosas que podían ocurrir si prosperaba aquella absurda acusación, el miedo a la reacción de las personas de mi entorno, de la gente en general y de lo que iba a ser ahora mi vida.

A la mañana siguiente la zozobra seguía azotándome incesante. Era increíble, pero aquello estaba ocurriendo de verdad. Todo parecía tan onírico, tan surrealista. Es curioso, pero al despertar uno siempre espera que todo el mal del día anterior se haya diluido durante la noche. No era así, todo seguía igual, aunque un pequeño halo  de esperanza me consolaba. Seguía creyendo que aquello era un error y que tarde o temprano se aclararía y que me pedirían perdón por todo.

Se puso en contacto conmigo el responsable del Comité Antidopaje, era un chaval de mi quinta, habíamos ido juntos a muchos campeonatos desde las categorías inferiores. Noté que la situación no le agradaba y por fin encontré a alguien de la RFEA que mostró afecto y sentimiento respecto a lo que me estaba pasando. Él simplemente cumplía con su trabajo, recibió mi fax y ahora debía ponerse en contacto con el Director del laboratorio del CSD para concertar fecha y hora para  realizar el análisis de la muestra B. Se mostró muy comprensivo y sorprendido por la noticia. Me animó y me dijo que me llamaría para avisarme de las novedades.

La espera se volvía a hacer eterna... decidí salir a correr para intentar aliviar la tensión. Al ponerme a correr me di cuenta de mi estado físico... hacía horas que apenas comía y el temblor en el cuerpo debilitaba cada una de mis zancadas. No pude correr más de 20 minutos.  Apoyado en un árbol y cabizbajo recibí una nueva llamada del responsable del CAD. Me habían concertado cita para al cabo de dos días en Madrid. Le dije que era imposible, que estaba en Las Palmas y no tenía vuelos disponibles para tan pronto. El chico se portó muy bien y me gestionó una nueva fecha para el 7 de septiembre.

Así pues, tuve que cancelar mis vacaciones y comprarme un nuevo billete de avión, que me costó un ojo de la cara. Decidí comprar el billete a Barcelona, para pasar unos días en mi casa y desde allí coger el coche para pasar por el piso en el que había estado viviendo en Madrid este último año y así recoger todos mis bártulos.

Aún pasé un par de días más en Las Palmas antes de volver a casa, fueron días de constantes paseos por los parques y las calles con Laura. Tener que digerir una situación así es muy duro. Deambulas por el mundo sin ser tu mismo, absorto en tus pensamientos, sin comer, sin dormir...  afortunadamente Laura estuvo conmigo en todo momento e hizo que todo fuera mucho más llevadero. La pobre lo pasó tan mal como yo. No es justo que ella también tuviera que sufrir esa situación. Nunca olvidaré esos días ni el daño que nos hicieron. Pero yo no me iba a rendir. Eso no está en mi ADN. Iba a descubrir la verdad y a demostrar que no era, ni mucho menos, culpable. El que pudiera creer que me había dopado alguna vez es porque realmente no me conocía.

1 comentario:

  1. Hosti Ricard vaya historia!! Realmente nosotros tambien somos los culpables en muchas ocasiones de criminalizar al atleta que da positivo sin pensar que como en todo, también hay errores. Y limpiar la imagen y el daño hecho, pues ya es complicado.

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