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martes, 17 de febrero de 2015

LA 1/2 MARATÓ DE BARCELONA COMO PACEMAKER



 
(*Texto publicado en running.es)
 La eDreams Mitja Marató de Barcelona es una carrera especial para mí. Y lo es porque, curiosamente, la he vivido desde varias de sus facetas. Desde que RPM Racing se hiciera cargo de su organización en 2011 ha crecido muchísimo. En 2012 tuve el honor de ser el director técnico de la prueba (trabajamos mucho en el cambio de circuito), en 2013 estuve promocionando en una carpa el nacimiento de running.es y en 2014 colaboré en la organización y coordinación de las diferentes salidas de los corredores. Así que en este 2015 me tocaba hacer algo diferente.  Se me propuso la posibilidad de hacer de pacemaker (de "liebre" para los más tradicionalistas)  a los corredores  y, la verdad, me sedujo la idea.

El ritmo que me encomendaron fue el de 1h15, un registro que marca una barrera psicológica en los runners. En cierta manera es un hito, un cambio de nivel, ser capaz de correr la distancia en 75 minutos o menos te coloca entre la "elite" del atletismo popular. Pero para ello hay que entrenar con cierta seriedad y tener bastante constancia. Así pues, para mí ayudar a que varios participantes alcanzaran ese propósito me llenaba, como diría aquél, "de orgullo y satisfacción". Me sentía motivado para la misión, y aprovechando que últimamente estoy entrenando bastante bien, no quería desperdiciar esta oportunidad de compartir mi esfuerzo con los demás.

El día antes de la carrera, probando las Kiprun SD que nos proporciona como parte de su patrocinio Kalenji, intenté testar durante 3 kilómetros el ritmo que debería llevar al día siguiente. Teniendo en cuenta que en menos de 24 horas el objetivo era  marcar unos parciales de 3'33" cada mil metros durante 21 kilómetros, no deja de resultar curioso que, en ese pequeño test, no fuera capaz de hacer más que el último km en 3'32 ¡¡¡ y esprintando!!! Pero todos conocemos la magia de un dorsal, lo que el día antes parece imposible lo cambia ese trocito de papel en el pecho. Así llegó el domingo y a las 7:45 a.m. nos reunimos en la carpa habilitada para los pacemakers. Precioso el ambiente que se vive en esos momentos previos. Todos ayudándonos a colocar en la espalda las banderolas que indican el tiempo al que iremos, una dificultad añadida con la que tenemos que lidiar los que nos embarcamos en esta aventura. No es fácil correr con un arnés que se ata por los hombros, cintura e ingles, apretándote allí donde más duele y provocando un incómodo efecto tanga. Pero nada que no se pueda soportar, sabes que eres una parte importante de la carrera y que es un honor ser portador de esa banderola, al igual que hacían en la edad media los guerreros japoneses como una medida de identificación en el campo de batalla.

las Kiprun, zapas con las que corrimos todos los Pacemakers

Una vez se da la salida es cuando tomas conciencia de la responsabilidad que tienes. De repente, te ves envuelto por un montón de corredores que se quieren pegar tanto a ti que hasta resulta incómodo correr. Eres su referencia y no quieren que te separes ni un centímetro. Es curioso, porque había momentos en los que me sentía totalmente enclaustrado y más yo que soy chiquitín, por un instante creí que alguno se me subiría a caballito. En el ritmo de 1h15 éramos dos liebres, así que contaba con la compañía y la complicidad de Jordi Vázquez. Entre ambos nos íbamos comentando el ritmo que llevábamos y la conveniencia de ir regulando. Nos comentaban otros compañeros pacemakers que en ritmos menos exigentes los corredores hablan más con ellos, nosotros sólo oíamos respiraciones alrededor nuestro. A esas velocidades resulta complicado mantener una conversación fluida. Me sorprendió la cantidad de gente que nos envolvía y ya no tanto detrás, sino también delante. El nivel de esta carrera es ciertamente alto. Además de los mencionados fieles, enganchados a nuestras pisadas firmemente, nos encontramos también con otro perfil de corredor, y es aquél que no se deja adelantar por nosotros. En esos casos me sentía como el hombre de la guadaña, si les pillabas quería decir para ellos que no conseguirían bajar de 1h 15. Curioso este fenómeno también y su lucha contra "los banderolas".

Subiendo el Paral.lel, primeros compases de la prueba


Según nos acercábamos al final, el numeroso grupo iba perdiendo efectivos y a muchos de los de delante les dábamos caza. Superado el kilómetro 16 y viendo que estábamos yendo unos segundos por encima del objetivo, alenté a aquél que quisiera seguirme a buscar intentar bajar de la 1h15, pero para ello había que incrementar ligeramente el ritmo. Así, mi compañero y yo nos dividimos las tareas para cubrir todo el abanico de corredores. Yo me fui con los de delante y él se quedó con los más rezagados. Esta es la parte más emotiva, los últimos kilómetros, ¡¡ahora sí!!- les iba diciendo- ¡¡queda un último esfuerzo, vamos, vamos!! Unos 6 ó 7 corredores me iban a la zaga, nadie hablaba, las respiraciones se aceleraban cada vez más. ¡Vamos, ahora, queda un kilómetro, si queréis bajar la marca hay que apretar!!- les gritaba-. Con ello provoqué una estampida a lo "gallina el último", todos empezaron a esprintar. Crucé la meta en el tiempo establecido, 1h15 exacta. Jordi, la otra liebre, cubrió al resto y entró mediado el minuto. Ahora sí, todos aquellos que nos habían acompañado venían a chocárnosla y  a agradecer los ánimos. Es, sin duda, el mejor momento. Una gran sensación en la que el simple "gracias" que te dan vale más que incluso haber ganado la carrera. Para que luego digan que el correr es un deporte individual.

foto oficial de todas las liebres d ela carrera
En el tramo final de la carrera

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