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domingo, 15 de marzo de 2015

UN PARÉNTESIS PISTERO PARA LA MONTSERRAT SKYRACE



Este año siento especialmente la llamada de la pista. Soy consciente que ese es mi verdadero hábitat, lo llevo en las venas y reconozco que a mí lo que me pone es correr, pero correr lo más veloz que se pueda, sin trabas en el camino, que el límite no me lo ponga el terreno por la dificultad que pueda entrañar, con piedras, nieve, subidas, bajadas, ramas, troncos o cualquier otro elemento natural. A mí lo que me gusta realmente es disfrutar de mi propia zancada, que sea ella la que me diga hasta donde puedo llegar. Siempre hago el mismo símil, pero tengo claro que si yo fuera una bicicleta sería una de carretera, sin duda. Con eso no quiero decir que no me gusten las carreras de montaña, pero si, como dicen, "las cabras siempre tiran para el monte" será que yo debo ser un hámster al que le gusta dar vueltas a toda velocidad.

Así pues, llevo ya varias semanas entrenando para correr ligeramente más rápido, trabajando ritmos un poquito más elevados con poca recuperación. Ese incremento de frecuencia tampoco me da para hacer mucha carga de kilómetros, con lo que si antes acumulaba poco volumen ahora menos todavía. Claro está que tampoco es que esté volando, a parte del poco tiempo que tengo para salir a correr hay otros factores que ya tampoco me lo permiten. Cuando has bajado la intensidad de una forma tan elocuente en la última década, y ya con mi edad, no le puedes pedir al cuerpo que dé ya más de lo que en su día me dio. Digamos que se ha acomodado a la buena vida y si pudiera hablar probablemente me diría :"¿dónde vas? ¿otra vez aquí exigiendo? anda, no me fuerces que me rompo". Además ya ni siquiera puedo ponerme zapatillas de clavos porque probablemente me destrozaría los tendones de Aquiles en cero coma. 

Bueno, el caso es que ahora lo último que he estado haciendo es correr sobre los 33 minutos en los 10k en asfalto, la última vez la semana pasada en Caldes d'Estrac, donde pude ser tercero. Mi próximo objetivo es el Campeonato de Catalunya de 10.000 metros en pista que se celebra el próximo día 21 de Marzo en Olot, En este contexto me encontré en medio del calendario con la Montserrat Skyrace, una carrera de montaña que ciertamente me resultaba atractiva de por sí, aunque a ella me llevó mi labor de encargado de pruebas de zapas en Running.es. En la revista habíamos organizado un concurso cuyo premio era un dorsal para dicha carrera y unas Mizuno Wave Mujin. Así pues, debía acompañar a los ganadores y pedirles su opinión al respecto de dichas zapas. Fue un placer conocer a Edu, Óscar y Miguel Ángel (también tenía que haber venido una chica, Blanca, pero se nos puso mala la noche antes). Lo pasamos muy bien y disfrutamos de una agradable matinal con un espectacular recorrido y unas preciosas vistas a la montaña de Montserrat. No nos conocíamos de nada, pero parecíamos amigos de toda la vida, enseguida hubo muy buen rollo con nuestra fotógrafa particular Núria Lila Photosportive captando imágenes divertidas de nuestro encuentro. Todos cumplimos con nuestro cometido y les dimos un buen uso a las Mizuno. Ahora a ver si se lo curran y me escriben una buena review de las zapas, aunque Edu igual me envía un cómic, porque realmente hemos descubierto un gran dibujante con mucho talento y sentido del humor.



Participé en la carrera de 15km con 800m+, (también había una de 25km con 1500m+, pero opté por la corta). E hice bien, porque aunque subiendo me mantuve entre los 5-6 primeros, bajando la cosa se me complicó bastante, demasiado técnica para mí, muchas piedras. Ni quise ni pude arriesgar, y fui perdiendo puestos hasta el undécimo lugar, con un tiempo de 1h26". Durante la carrera viví una anécdota muy curiosa, por un momento creí remontarme hasta el año 1990, ese año, cuando era un cadete aún, recuerdo que salía en los crosses escopeteado, es curioso pero tenía complejo de ser lento en la recta final e intentaba salir muy rápido para que nadie me siguiera. En un par de ocasiones, un chaval de Abrera, rubio, alto y espigado, llamado Juan, de forma muy sigilosa, me daba caza y acababa por superarme en el último cuarto de carrera. Hoy, 25 años más tarde, alrededor del kilómetro 10 de carrera, un corredor que respondía a esa misma descripción, aunque con unos cuantos años más, me daba caza y me adelantaba como cuando un felino sorprende a su presa, sin hacer ruido, dejándome atrás. Es increíble, pero sí, era él: Juan de Abrera. No me lo podía creer, ¡¡¡DÉJÀ VU!!- grité- y pensé que la vida realmente tiene mucho sentido del humor.







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