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sábado, 16 de mayo de 2015

5ª etapa Camino Portugués: Rubiães - Tui. Disfrutando al máximo.




Última etapa en Portugal. ¡Qué pena! Lo cierto es que este país me ha conquistado, me ha gustado todo de él. Además, para pasar nuestra última noche aquí fuimos a escoger el mejor alojamiento posible, el Ninho. Nos trataron tan bien que hasta nos invitaron a preparar la cena en la cocina privada de las propietarias. Allí Dani hizo medio kilo de espaguetis a la Carbonara que nos comimos tan a gusto mientras manteníamos una alegre conversación con nuestras anfitrionas. Para completar la comilona, un postre  que nos habían regalado en una pastelería donde fuimos a comprar pan. Si es que esta gente es encantadora lo mires por donde lo mires.






Nos costó mucho empezar hoy a correr, y no porque no tuviéramos ganas o porque estuviéramos cansados, sino porque no queríamos irnos. Al final se nos hicieron casi las 10 y no quedó otra que arrancar. Nos despedimos e iniciamos la etapa de hoy. Mi tobillo, aunque me dolía poco, seguía bastante hinchado y ligeramente amoratado. Empecé la ruta con una tobillera que me quité en el tercer kilómetro porque me apretaba un poco. A partir de ese momento el dolor empezó a desaparecer e incrementamos el ritmo. Los dos íbamos muy cómodos, sin molestias musculares ni nada, salvo las mochilas, que nos impidiera disfrutar de un ritmo alegre.  Nuestro objetivo era llegar a Tui, el primer pueblo Español del Camino Portugués, que se encontraba a unos 20 kilómetros. Y como el trayecto era corto decidimos darle candela al asunto. 

                                 



Íbamos ligeros y contentos, con las piernas frescas. Rápidamente nos plantamos en el kilómetro 10 y al poco en el 15, íbamos con la directa puesta. Adelantando Peregrinos y saludándoles efusivamente con un "Bom Caminho" y , como cada día, recibíamos toda la energía positiva de cada uno de ellos, una energía que era recíproca y que  notábamos también en nuestras zancadas. Nos sentíamos bien, felices. Esta es la magia del Camino.



                                    

                                     

Era una etapa plana, con sus habituales zonas empedradas y algún camino con piedra suelta. Fuimos tan rápido que, al llegar a Valença, un bonito pueblo amurallado, decidimos aflojar la marcha y pasar por su interior con más calma. Había mucho ambiente, así que caminamos un rato por sus bonitas calles. Eso sí, siguiendo siempre las flechas amarillas. Llegamos al río Miño, frontera natural entre los dos países ibéricos, y lo cruzamos conscientes de que dejábamos atrás una bonita experiencia y un grato recuerdo de aquél país. Y también una horita menos para disfrutar del día, aquí es una hora más tarde.

                                   


Nuevamente optamos por pasar del Albergue municipal y nos fuimos a uno que estaba más abajo llamado Sant Clemente. Aquí por 12 euros (+3 si querías una  habitación doble) tenías todo tipo de comodidades. Y como mañana tenemos una etapa de 32km, decidimos hospedarnos aquí donde no nos iba a faltar de nada y podríamos reposar muy bien. Lo mejor de todo, al final de la jornada, es que el tobillo ha mejorado mucho y parece que poco a poco se va recuperando. Nos duchamos, lavamos la ropa y salimos a comer por Tui, un pueblo muy bonito que vale la pena visitar. 

                                                          

Etapa 5: Rubiães Tui,  20km en 2h00






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